TIJUANA, Baja California, 22 de abril del 2026.- Mientras la mayoría en la región duerme, una generación entera de estudiantes comienza su jornada. No en un aula, sino en la garita.
Entre el frío de la madrugada y el rugir de los motores, miles de estudiantes cruzan diariamente la frontera más transitada del mundo.
Una rutina que para muchos es una estadística, pero que para la autora Angelina Barrera, es una forma de vida, con afectaciones en la salud física y emocional que pocos se atreven a documentar.
Su obra, “Angie y las dos banderas que se abrazan”, pone el dedo en la llaga sobre una paradoja regional: aunque este flujo es el motor que mueve a Tijuana y San Diego, la literatura y la sociedad han ignorado sistemáticamente sus secuelas.
Angelina relata que su transición a la vida binacional comenzó tras ser criada en Tijuana y buscar un futuro en California. Pero el éxito académico tuvo un precio: horarios extenuantes, falta de alimentación adecuada y un desgaste mental que hoy es la realidad de cientos.
La obra de Barrera no es solo un libro de memorias; hay una historia de sacrificio que ya no puede permanecer en silencio.



