TIJUANA, Baja California, 3 de noviembre de 2026.- Para un sector de padres de familia, la prohibición estricta representa un paso acertado hacia la concentración académica y la prevención del acoso entre estudiantes, argumentando que el uso no supervisado del teléfono dentro de las escuelas expone a los menores a situaciones de burla y distracción.
Sin embargo, existe otra cara de la moneda. Madres de familia advierten que el teléfono celular constituye un recurso vital para la comunicación en los traslados en transporte público, emergencias y, de manera muy particular, como herramienta de asistencia para estudiantes con alguna discapacidad.
El dilema entre el control disciplinario y la seguridad cotidiana deja abierta la discusión sobre si la solución radica en el veto total o en la regulación coordinada entre planteles y padres de familia.







