Entre aromas, colores y tradiciones, una celebración que transforma la ausencia en memoria y mantiene presentes a quienes siguen viviendo en nuestros corazones.
TIJUANA, Baja California, 2 de noviembre de 2026.- Dicen que la muerte no llega para llevarse todo, que hay cosas que permanecen incluso cuando alguien se ha marchado, las voces, sonrisas, las historias… y el recuerdo. Y quizá por eso, cada año, México encuentra una manera de acortar la distancia entre la vida y la muerte.
El Día de Muertos no es solamente una fecha en el calendario, es el encuentro con nuestra historia, nuestras raíces y con aquellos que, ya no podemos abrazar.
Las nuevas generaciones descubren el significado de esta celebración a través de sus familias, de sus costumbres y de las historias que pasan de una generación a otra. Porque el Día de Muertos también es vida, y una forma muy nuestra de mirar de frente a la muerte.
En México, noviembre llega acompañado de flores, veladoras y fotografías que nos devuelven, aunque sea por un instante, a quienes dejaron de estar.
Las calles también se convierten en parte de esta celebración. Entre música, colores, catrinas, el Día de Muertos sale al encuentro de las familias, que encuentran en estos espacios una oportunidad para compartir y mantener viva una de las expresiones culturales más representativas de México.
En los panteones, la celebración adquiere otro significado, familias enteras acuden para visitar a sus seres queridos, limpiar sus tumbas, colocar flores y dedicarles unos momentos.
Y mientras las flores sigan adornando los altares, las veladoras permanezcan encendidas y sus historias encuentren quién las cuente, siempre habrá una forma de volver a encontrarnos.
Como dijo Octavio Paz, “La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida”. Que para ser sincero, no sé a qué se refería con esto. Pero si he de interpretarlas, diría que en México, frente a ese espejo, hemos encontrado una manera muy particular de mirar la ausencia, convirtiéndola en tradición y en una celebración de vida.







